Atención comunitaria sobre ruedas

Resumen
En Senegal, la salud mental sigue siendo poco prioritaria en las políticas nacionales de salud. Y los centros de salud mental, así como el personal especializado en este ámbito, son escasos en todo el país. De los 7 centros de salud mental existentes, la mitad se concentra cerca de Dakar, la capital, aunque más de la mitad de los 16,7 millones de habitantes que tiene el país viven en las zonas rurales.
Desde hace más de 20 años, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios presta atención a la salud mental a través de los centros que tiene en Fatick y Thiès. Se trata de dos centros, hermanados con el Parc Sanitari Sant Joan de Déu, que se llaman Dalal-Xel, que en Wolof (la lengua más hablada en Senegal) significa «tranquilizar el espíritu». En estos dispositivos se atienden cada año cerca de 27.000 hombres y mujeres adultos y jóvenes con problemas de salud mental. A diario, atienden a personas llegadas de toda Senegal, e incluso de países vecinos como Mauritania y Mali.
Uno de los mayores retos en este país es facilitar el acceso a los servicios de salud mental en las zonas rurales. Las personas con problemas de salud mental a menudo deben enfrentar desplazamientos de 800 kilómetros para recibir atención de calidad y hacer frente a los gastos del viaje y alojamiento. ¿Alguien puede imaginar qué supondría, por ejemplo, tener que viajar a menudo de Barcelona a Oviedo para recibir esta atención?
Un proyecto pionero en salud mental comunitaria
Para intentar paliar esta situación, especialmente difícil para las personas más vulnerables, los centros Dalal-Xel impulsaron, en 2020, un proyecto de salud mental comunitaria pionero en el país. Cada semana, equipos especializados en atención primaria, trabajo social y psiquiatría se desplazan hasta enclaves estratégicos en zonas rurales para acercar la atención en salud mental a centenares de personas. Escuelas y otros equipamientos de la zona acogen durante todo un día los equipos desplazados y se convierten en centros de salud mental abiertos a la comunidad.
Este proyecto ha facilitado el acceso a la salud y la adhesión al tratamiento, porque las personas atendidas ya no tienen que afrontar largos viajes, sino que pueden hacerlo más cerca de casa y de la mano de equipos especializados multidisciplinares.
Además, se aprovechan estas sesiones para realizar charlas y talleres para sensibilizar a la población local sobre la importancia de la prevención, la detección temprana y el cuidado de la salud mental, así como el importante rol que tienen las familias y entorno en el acompañamiento de la persona que tiene un trastorno de salud mental. Hay que tener en cuenta que, a las dificultades que conlleva detectar y tratar los problemas de salud mental en el país, se añaden problemas graves como el estigma y la vulneración de derechos.
Desde que comenzó el proyecto hace cinco años, se han atendido a más de 25.000 personas de trece comunidades rurales.
Personas como la Fatou y el Aliou, dos de los protagonistas de la miniserie de tres episodios En ruta por la salud mental en la que se explica este proyecto. La serie documental ha sido realizada por el fotoperiodista Pablo Tosco (World Press Photo 2021), junto con Juan Ciudad ONGD, la organización de cooperación internacional de San Juan de Dios.
El hilo conductor de la serie es, precisamente, los testimonios de personas atendidas y profesionales de los equipos del proyecto de salud mental comunitaria. Cada episodio explica, desde una perspectiva diferente, la importancia de esta intervención comunitaria que quiere dar respuesta a las necesidades de las personas que tienen problemas de salud mental en Senegal y no cuentan con servicios especializados. «Desde que me diagnosticaron el trastorno fue difícil», comenta la Fatou, «porque a veces no tenía dinero para viajar desde mi pueblo».
Los vídeos también ponen de relieve la convivencia que se da en Senegal entre los dos tipos de medicina que conviven hoy en día: la medicina tradicional y la medicina moderna. Una realidad que conocen los profesionales sanitarios de los equipos de San Juan de Dios que se desplazan semanalmente a las zonas rurales, donde la salud mental es un tabú y la mayoría de las familias opta por ir primero al marabú (curandero tradicional) o esconder a la persona con problemas mentales, ante el estigma que siguen sufriendo. Por este motivo, y por la confianza que muchas personas tienen en la medicina tradicional, es importante que los profesionales sanitarios conozcan y respeten que la persona pueda seguir visitando el marabú si así lo considera, mientras recibe también atención de equipos especializados.
«Atendemos a la persona respetando su cultura, costumbres y religión. Porque es una parte importante de la persona y puede ayudarla también a recuperarse», comenta Suzane Niuki, coordinadora del programa de salud mental comunitaria del Centro Dalal Xel de Thiés. Y, al final, «cuando la persona que atendemos está estable, todo el mundo está en paz».
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